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Para ser humano en el tercer milenio, en la era de la salud y no de la enfermedad

  



 

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Discapacidad y Psicoanálisis
Una mirada diferente


El psicoanálisis debe situarse frente a la discapacidad desde la cima de lo real, ya ha constituido el fantasma que recubre lo imposible, lo genéticamente establecido, encapsulando los limites del organismo sin contagiar al sujeto, incapacitándolo. No convirtiendo lo real en una diferencia, dándole un símbolo que se oponga con la normalidad para salvaguardarla, diferencia que se traduce como la insuficiencia subjetiva. Lo real no tiene limites, se van marcando desde un espacio simbólico e imaginario y ahí si comienza a limitar, como dijo Jerusalinsky "el cuerpo no se organiza por sus funciones musculares o fisiológicas sino por las marcas simbólicas que lo afectan" (1)

En el estadio del espejo, donde se devuelve, re-introyecta, ese movimiento que hace diferencia, aquel rostro-imagen o decir-palabra que no encaja con la categorización de lo que se "debe" ver, aquella mirada social que cosifica para dominar, o mas bien petrifica al sujeto situándolo, anticipándolo en ese lugar discapacitado. Se observa de re-ojo para no ver del todo aquella imagen que el espejo nos devuelve no como unificación (fantasía o más bien constitución yoica de un cuerpo unido) sino que algo de lo fragmentado aparece y así la angustia de lo real. Un ojo que mira del otro lado del espejo donde aparece un otro dependiente dialectico de aquel miramiento en su constitución subjetiva.

El psicoanálisis escucha al sujeto, que nada tiene que ver con lo orgánico, es aquel que habla, y al escucharlo podemos situar algo del deseo del otro, reconociéndolo, que no es mas que su propio deseo, encontramos en el reconocimiento un hilo con el cual podemos ir tironeando para que aparezca el sujeto, rompiendo con la amalgama que lo tiene pegado a su real incapacitado.

La mirada netamente medica de la ciencia que solo se anima a ver lo real, no desde la cima como el psicoanálisis es decir por encima del organismo situando una mirada para encontrar lo nuevo, sino la mirada que proyecta que estandariza que no solo diagnostica sino que constituye aun más y refuerza la discapacidad en lo simbólico y el "no puede" en un imposible. Mirando lo real directamente a los ojos sin ver al sujeto, aquella mirada que esquiva al sujeto, es justamente ver al espejo pero sin ver al sujeto sino cada parte de su cuerpo fragmentado des-subjetivizandolo con el único objetivo de mantenerse bien parado, bien entero y no caer en la angustia de aquella presencia que rivaliza con la mía, defendiéndose con el hecho de situar al otro como el diferente es situarse uno en el parámetro de normalidad.

Existe algo de lo real en lo auditivo, que nada tiene que ver con la escucha analítica, algo que a veces en la relación con la discapacidad, en su presencia surge como: el no entender lo que se dice que nos deja perplejos, erróneamente se cree que buscamos con la escucha la forma sonora (como gestalt cerrada) que creemos recibir del otro en forma de mensaje que es asimilado puesto que esto sucede en los animales en aquella percepción de la imagen que despierta el instinto, en lo auditivo buscamos el sonido que concuerde con la huella auditiva para depositar, apercibiendo, en aquella "palabra" la significación que traemos con nosotros; el entendimiento no existe, el entender al otro no es mas que entenderse a uno mismo en la ficción de la comunicación asertiva, lo que si debemos lograr en la discapacidad en nuestro lugar de analistas no es en el plano del entendimiento (imaginario) sino en el entre-entender ahí donde algo podemos escuchar ; y es un entre s1 y s2 donde aparece el sujeto. El psicoanálisis encuentra la claridad de la palabra plena en la escucha de lo que no se dice, en lo que aparece en medio del palabrerío. No caer horrorizado en el "no entender" que nos angustia por la necesidad de respuesta que genera el otro con su presencia, nos deja en el desfiladero de la no palabra, de lo real, ante la angustia de no poder sostener nuestro fantasma neurótico, acostumbrados a la dialéctica con el otro neurótico que empoderan mutuamente sus fantasmas para construir la ficción que recubre el agujero de lo real, entonces si el otro no me entiende o yo no le entiendo se genera el corte, cortocircuito de lo simbólico, generado por la caída del yo a yo, pero en psicoanálisis sabemos que no es de yo a yo, es de inconsciente a inconsciente. El ejercicio de la escucha psicoanalítica en la discapacidad se sitúa en un saber escuchar pero también soportando el temblor de nuestra estructura neurótica en la constante puesta en vilo de la dialéctica que nos sostiene como sujetos.

La repetición propia de la discapacidad es traducida en la estigmatización del no poder hacer, no ser capaz, condicionante que no deja nacimiento posible del sujeto; debido a que ésta epifanía del sujeto viene del otro, la manifestación del sujeto; así una escucha o una mirada situada en un lugar determinado (allí en el espejo) es condición para que el sujeto surja. "Estoy enfermo", "por ser así", "desde que me paso esto" son algunas frases que se escuchan cuando uno trabaja con sujetos que son marcados desde lo real por la "discapacidad"; traducido como "conciencia de enfermedad" pero no visto a veces como el estigma del diagnostico, cerrando las puertas de un posible "que hacer-ser" encerrado en ser "así" por sucederle "eso" debido a la falta de reconocimiento del otro como sujetos.

Porque insistimos en la posición del analista, en posicionar la mirada desde otro ángulo, ángulo en donde se realiza la constitución subjetiva, y sobre todas las cosas es posible el deseo, porque desde la dialéctica del ser solo se puede decir si se es escuchado y no al revés: "los deseos pasan primero por el otro especular, allí es donde son aprobados o reprobados, aceptados o rechazados, y esta es la vía por donde se aprende el orden simbólico.."(2) sin otro especular ni siquiera existen. Es en la posición dominante que se sitúa la ciencia con respecto a la discapacidad donde sabemos que no "mira" con la falta en su "ojo" dando posibilidad a que allí en el fondo de su ojo, en aquel agujero, se pueda situar algo de lo que ve, lugar en la mirada de ese otro que da posibilidad a que surja el Ideal-Ich, yo ideal, devolución del espejo que aquella imagen que se anticipa en el reconocimiento de uno mismo. El discurso de la ciencia no se equivoca! Por dicho motivo no posee falta alguna en su mirada cosificante, da envoltura categórica a los espectadores que se reflejan en ella; no existiendo un reconocimiento del sujeto, su deseo, sino mas bien un reflejo fiel de su narcisismo. La ciencia nuevamente deja en el espejo una leyenda que se inscribe sin provocar reflejo dialéctico más que una devoración, imitación por fundición a un único plano (holo-plano), sin corte donde surge el sujeto, en la creación de un mutismo crónico del deseo en donde hay solo un espejo sin fondo que solo proyecta porque esta saturado de sentido, desbordado (se borran los bordes).

En la repetición, se genera el goce pero también aparece la angustia, que es un encerramiento de lo real, que da vueltas alrededor del sujeto hasta hacerlo desaparecer, debido a que la repetición del discurso en donde se pegotea la palabra tras palabra, tratando de no dejar lugar a la angustia pero paradójicamente fertilizando el campo de la misma, porque en la repetición se va olvidando el sujeto, sujeto de la enunciación y en aquella desaparición del sujeto aparece la angustia, porque desaparece la falta, se talonea. La angustia así flanquea por los dos lados, por los orificios de un posible fantasma pero en la repetición su insistencia monótona logra tapar todos los agujeros posibles, dando lugar a la nada, es decir, sin lugar a el sujeto; y este fantasma que ya no es mas un fantasma sino un monstro porque no otorga marcos para soportar lo real sino que convirtiendo el paisaje que se encuentra en el pintoresco cuadro en un desborde de pintura, comenzando a manchar las paredes.

En la aparición del un discurso que se repite con la ilusoria intención de lograr ser allí en donde repetimos, vemos que el otro que lo debe reconocer para que pueda surgir como sujeto, reconociendo su deseo; huye de la repetición, porque esta lo angustia, porque desaparece el mismo como sujeto en la imposible dialéctica, imposible vaivén que genera la repetición del otro sin dar lugar a la comunicación. La repetición no da lugar a la escucha, nada importa del que escucha en el que repite, porque esta repetición se impone, desde la agresividad primita de aniquilar a el otro que ocupa mi espacio de existencia. Vemos en la discapacidad mucho de esto, la comunicación que choca con lo que se repite, sin faltas que den lugar a la escucha y al decir, angustias que surgen en esta lucha por conquistar su existencia. También se ve en el otro, ya sea profesional, familiar o cualquier persona que tiene contacto con una persona discapacitada, muchas veces con-tacto porque la angustia de la no-palabra llega a ser tan grande que se los toca para ver si están ahí porque sino nosotros no estaríamos aca!, la persona huye, no soporta esta repetición del discurso, ni tampoco soporta la imagen porque el tiene que sostenerla y no sabe desde que lugar debe hacerlo para que el otro sea reconocido y así darle posibilidad de ser, por eso mismo caen ante esta mirada porque se les retira la mirada, y no saben donde reflejarse; porque el neurótico en su ficción de comunicación necesita la devolución de la falta, y en el discapacitado el cuesta encontrarla y al no poder hallarla no se genera el lugar para ser nombrado y así nombrarlo.

Intervención analítica en esta repetición, debemos poder cortar con lo que se repite, en este dar vuelta el discurso, acceder al sujeto, encontrar un camino en la palabra para que pueda ser nombrado de otra manera, correr del discurso que se repite y situar algo de la falta, de la pregunta, la pregunta genera un recorrido en el sujeto. Y en este re-corrido que se corre de lo que se esta repitiendo, podemos ir situándonos en un lugar que comience a reconocerlo, reconocer su deseo, salir del blanco aniquilante de su repetición, soportándola también al comienzo para dar lugar. Pensemos en una pelotita que rebota contra un espejo plano constantemente de la misma manera, esa es la repetición, huir seria retirar el espejo dejando que la pelotita se pierda en un abismo, y así llevándose al sujeto por allí, ahora si logramos correr el espejo en diferentes ángulos, variaciones del discurso, podemos lograr que con esa misma repetición podamos encontrar su variantes y podamos en esas diferencias cortar con lo que se repite de la misma manera, sabemos que este trabajo como analistas deja los golpes de cada repetición en el espejo, en nuestro cuerpo.


Lic. Federico Eduardo Padilla
Licenciado en Psicología
Especialista en Adolescencia
Orientación a padres
Abordaje en Discapacidad Intelectual

 federicoepadilla@gmail.com


Bibliografía
(1) Alfredo Jerusalinsky y colaboradores, Psicoanálisis en problemas del desarrollo infantil, Editorial Nueva Visión, 2010
(2) J. Lacan, Escritos técnicos de Freud, Seminario I, editorial Paidós, Buenos Aires 2010


 

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